miércoles, 15 de mayo de 2013

Día 1 - Empezamos. ¿O no?

(Si sólo estás aquí por las fotos, mejor que veas el álbum de feisbuc)

Amanece. Hace frío. Es una sensación casi nueva esto del frío, acostumbrados como estábamos hace solo dos días a dormir sudando. En un ratito vendrá Craig, el tipo del alquiler, a recogernos.

La primera sorpresa es que Craig (y casi nadie por aquí) no respeta el topicazo del áfrica sin prisas, y se planta en el "Bed and Breakfast" casi 10 minutos antes de lo acordado. El BnB de las narices resulta ser en realidad una casita familiar de verano con 2 dormitorios, 2 baños, cocina americana, salón y piscina. Ahí es nada. 325 chufos la noche cada uno (zarchufos, o lo que es lo mismo, 27 europavos). BnB my ass!

Desayunamos con Craig, su socio Steve (un tipo curiosísimo que recuerda al Gran Lebowski) y la pareja de abueletes que regenta el Lavender Cottage, charlando de todo un poco, nuestra experiencia en viajes, de donde viene cada uno, qué cojones hacen un Español y un Suizo en Shanghai... lo normal.

Después del desayuno empezamos nuestro periplo de comprar las dos o tres cosas que teníamos pendientes, como, qué se yo, chorradas del calibre de las pastillas contra la malaria, por ponerte un ejemplo. Ah, pero claro, antes tenemos que pasar por un cajero y sacar pasta y pagar a este señor. Cosa fácil, ¿verdad? Tal vez no. Nuestro día se ha perdido en sacar dinero de las tarjetas chinas, que sólo funcionan en cajeros del FNB, los cuales tienen un límite de 2.000 zarchufos por vez (y llegado el límite te escupe la tarjeta y tienes que repetir todo de nuevo) y lo que es aún más divertido, límite diario de 10.000. Necesitamos 57.000 cada uno. Y eso sólo para las motos. La primera en la frente. Una oficina de cambio nos permite usar nuestras tarjetas española y suiza, pero solo si son de crédito (la de Mauro es de débito). Y con una comisión del 6% sobre lo que saques. ¿Alguien da más?

Tras mucho trapicheo, pagar la mayoría con dólares, sacar lo posible de la visa, por fin pudimos pagar un cacho grande en la web de Craig, a pesar de que sólo admite Visa y Master Card y que a el también le clavan un 8% (pero hey, él es quien hace negocio aquí, ¿no?) En realidad nos ha ayudado un montón e incluso nos ha rebajado a la mitad el depósito por el alquiler, que es una pastaza (15.000 zarchufos, osea 1.250 eurazos).

Por fin con la pasta arreglada (y ya llegado el medio día) echamos a andar. Conseguimos las pastillas de la malaria gracias a la labia de Steve con la farmacéutica (para que nos la de sin receta) y compramos los aperos que nos faltaban, simcard incluida. Para cuando quisimos llegar al garaje de Craig ya nos habían dado las 2 de la tarde. Aún nos darían las 4 y media colocando equipajes, aprendiendo trucos, firmando papeles, etc. Sólo a esas horas conseguimos empezar a andar.

Por fin listos para la acción
Después de tanto papeleo y tanta mierda ya ni nos quedaba día para rutear ni nos quedaban energías, así que apenas hemos hecho 50 km de ruta. Eso sí, 50 bastante intensos. Para empezar, las motos son raras, son muy grandes, la postura no tiene nada que ver con lo que estamos acostumbrados, y al menos la mía tiene pegas particulares como esa pantalla gigante que molesta mogollón para ver la carretera. Pero "pole pole", nos vamos acostumbrando.

Los paisajes de la costa del Cabo son sencillamente acojonantes. Vamos bordeando la costa y a nuestra izquierda emergen imponentes las montañas de Hottentots-Holland mientras que a nuestra derecha se abre la bahía de Gordons, con impresionantes vistas que ninguna cámara parece capaz de captar fielmente. La carretera, en perfecto estado, serpentea haciéndole el juego a las montañas y llevándonos arriba y abajo bien pegaditos al mar, tanto que puede olerse perfectamente esa esencia a marisco, a sal... Las olas rompen incesantes apenas a unos metros y casi parece que quisieran escupirnos, distraernos de la carretera. Es difícil conducir concentrado en aprender esta moto y a la vez intentar ver el paisaje que nos rodea, digno de horas de contemplación.

Pero la noche se nos echa encima, con lluvia incluida, y tenemos que parar como sea. Nos pilla en un pueblo muy pequeño llamado Betty's Bay, que parece abandonado en esta época del año. Es fácil imaginar este lugar petado de gente en verano (nuestro invierno), pero ahora todas las casas permanecen oscuras y sin señal de vida. Seguimos la indicación del GPS y terminamos... ¡¡¡encontrándonos unos pingüinos cruzando la carretera!!! ¡¿Pero qué coj...?! No hemos podido hacer fotos porque se han ido cagando hostias, pero te puedes imaginar la cara de gilipollas que se nos ha quedado cuando el primer animal llamativo que vemos en ÁFRICA es un pingüino. Hay que joderse.

Al final terminamos en otro BnB my ass que nos clava 300 zarchufos por la noche. Sudáfrica promete. Pero promete cobrarse una buena tajada.

Mañana más.


martes, 14 de mayo de 2013

Welcome to Cape Town

Welcome! says the customs lady. We are in. We are here. No problems, no single-multientry visa fuss. Nothing. Just a tiny stamp and there you go, there are some others waiting.

And then, out there: the sky, the air, thousand of scents hitting you. And the mountains. And the sea.

Cape Town, or more precisely the part we saw today (Sommerset West), seems more like one of those american movie suburbs, with big houses of one floor in even bigger plots. All too quiet, too clean, too cool. So far not too much Africa. But still I like it.

This feeling that I will love Africa grows steadily.

More tomorrow. And with a motorbike.

Bienvenidos a Ciudad del Cabo

¡Bienvenidos! nos dice la tipa de aduanas. Hemos pasado. Estamos aquí. Sin problemas, sin rollos de visas de una o x entradas. Nada. Una estampita y ala, tirad p'alante que hay cola.

Y de repente salir, y de repente el cielo, y el aire, y cantidad de olores invadiendote. Y las montañas. Y el mar.

Ciudad del Cabo, o más bien la parte que hemos visto hoy (Sommerset West), parece uno de los suburbios de película americana, con casonas grandes de planta única en parcelas aún más grandes. Todo muy tranquilo, muy limpio, muy cool. De momento muy poco África. Pero mola.

Crece esta sensación de que Sudáfrica va a molar.

Mañana más. Y con moto.

Day 0 - Airplanes

The world flies quick under my feet. At 10.000 meters altitude everything looks so small and insignificant... Hour after hour those seas, valleys, mountains, fade away in the distance as if they were a simple scale model. These are hours most people consider as wasted, with not much to do with. Some play cards, others watch movies on their personal video systems, or their ipads. Only a few read a book. Most of them just sleep.

For me these are moments of myself. Time to look inside, to look backwards. How did I get here? Is this the place I wanted to be some years ago? Seems impossible not to ask easy questions like, are you happy with what you are doing right now? It seems as impossible fall into thinking how pointless is where you wanted to be, since the facts are that you are here, whether you like it or not.

However I have to admit from time to time I enjoy these times for myself, a bit of talking to me, to make peace with myself. As a good friend taught me some time ago, enjoy this time since it's only for me and nobody else. During the 9 hours this flight lasts there are no meetings, no compromises, I don't need to look good to anybody, make anyone happy, nor worry about what time it is. An airplane trip becomes then time to relax, to release all responsibilities, since nothing at all depends on you. A time you are able to disconnect, to relax, to close your eyes and seek what is the truth inside yourself, what does it mean to be the person you are, dedicate some time to yourself, to redefine yourself it needs be. Search for your inner peace, get ready to be who you are when you leave the airport. What's your next destination? What do you expect form it? What do you want to do with your time in the next days, or months? And above all: What do you plan to make it happen?

I have to confess something.

I remember long, long time ago, when I barely had any kind of self consciousness, when I still raised my arms asking the grownups around to take me up and to make silly faces just to make me laugh. One of these grownups was my grandfather Nicolas. The last memory I have about him was at the hallway in his place, one of those long corridors that seem to have no end. He was coming back from the street, and I was waiting there for him. I stood in the corridor, my arms raised. I don't recall whether I said any word, or just stayed there waiting for him to cheer me up. But I do remember his laughter. His face full of marks, smiling and making silly faces so that I would laugh. Nicolas died when I was about 2 or 3. I'm not even sure when. But one day he was gone.

I remember a hospital. A waiting room, since children were not allowed in. I remember rain, and a 70's green phone boot, and questions to my mum whether that was the phone that E.T. used to phone home. I also remember that Nicolas never went back to that corridor. Or any other place. He just disappeared. He vanished, became nothing, just a memory.

Back then I had no fucking clue what death was. I just know I felt confused because that man was there no more, and everyone else was sad. I took many more years to get to know what was that thing of dying. Many years after Abu departed. Abu was my grandmother. I don't even remember her name, and I don't care that my family read this and think I'm a moron, because for me she was always just Abu. Abu died at her place, and I remember everyone crying, and Abu lying there lifeless. Being but not being there. I remember promising her I would not cry, because everyone else was doing so, and somebody needed to stay in one piece.

Life went on and taught me many things I did not want to learn, like out there there were things called wars where people killed each other not really knowing why. Or doing so, what's the difference? In any case I had to serve in the army and for me that was just a boring thing that I did not want to do, simply because it was cool to go against the rule. I kept using the excuse that I was in university to postpone the service some years, and considered to claim to be conscientious objector even though I did not care at all to be honest. But in fact that objection became a truth and I realized I had like a million reasons to not want to serve in the army. I did not want to learn how to use a weapon. I did not want, under any circumstance, make any person to cease to exist.

Death itself was a very well defined concept in my mind, and I had already a clear idea that one day it would be my day. But back then I only worried about that moment to be a quick, painless one. And I did not care about what happens at that moment, since it would be not important any more, it would just be. It would only matter for those who stayed, like that day years ago around Abu. I was not afraid of death. Death was simply natural.

Some day, around 2 or 3 years ago, I woke up one morning terrorized by a nightmare. In that dream somebody died. It wasn't me, but I could feel it in my flesh. And all of a sudden a terrible fear was born about the nothingness after death, about the falling into the void of memory. For a couple of weeks I was convinced that it had been some sort of premonitory dream, and that someone close was going to die. The dream became recurrent, and the anxiety every morning put a knot in my throat that killed me day after day. Time went by and nobody close died, and slowly that dream stopped bugging me. But the fear to nothingness stayed.

During the last two years I've been trying to find a way to leave that baggage behind. Religion is not for me and I don't believe in the afterlife. I tried to simply forgot about it, but every time I read about death (specially in a war) that old sensation comes back and poisons me for a couple of days. Only a couple of weeks ago I was finally able to realize that every single day, when I fall asleep I do die, just to resuscitate the next morning. And now I know it will be a day that I won't resuscitate. I let me be driven by the joy of every morning's resuscitation, of having one more day to enjoy and do something with. I am still working on forgetting that ugly sensation once and for all, but for now I'm okay with feeling alive every time I wake up. And to fight death with life, trying my best to do whatever makes me feel alive.

Airplanes are perfect places to think about oneself, for making peace with yourself. I have been carrying this weight for way too long, and so far only one person knew about it. This is my fear, and this is my way to exorcise it.

The trip has begun. It's time to feel alive.

Día 0 - Aviones

Medio mundo pasa bajo mis pies. A 10.000 metros de altura todo se ve tan pequeño e insignificante desde la ventanilla del avión... Hora tras hora mares valles y montañas se alejan en la distancia como si fuera una maqueta. Son horas que muchos cuentan como gastadas, sin mucho que hacer para matar el rato. Unos juegan a las cartas, otros ven películas en sus pantallas individuales, o sus ipads. Los menos leen un libro. Los más, duermen.

Para mi, ratos de yo. Tiempo de mirar adentro, de mirar atrás. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Es este el sitio donde quería estar hace unos años? Parece inevitable hacerse preguntas topicazo, como ¿eres feliz con lo que estás haciendo en este momento? Resulta igual de inevitable caer en la tentación de pensar que poco importa donde quisieras estar, porque el hecho es que estás aquí, te pongas como te pongas.

Pero debo admitir que de cuando en cuando me gusta tener estos ratos para mi solo, un poco de hablar conmigo mismo, ponerme en paz conmigo mismo. Como me enseñó hace tiempo una buena amiga, disfrutar de que este tiempo es para ti y nadie más. Durante las 9 horas de vuelo no hay reuniones, no hay compromisos, no tienes que quedar bien con nadie, ni alegrarle el día a nadie, ni preocuparte de qué hora es. El viaje en avión se convierte así en un momento de relax, de abandono de toda responsabilidad, ya que nada está ahora mismo en tus manos. Poder desconectar, poder relajarte, cerrar los ojos y buscar qué hay de verdad en tu interior, qué significa ser esa persona que eres, dedicarte un rato a ser tú, a redefinir el tú si te hace falta. Buscar la paz interior, prepararte para ser quien eres cuando salgas del aereopuerto. ¿Cuál es tu próximo destino? ¿Qué esperas de el? ¿Qué quieres hacer con tu tiempo en los próximos días, o meses? Y sobre todo: ¿Qué planeas hacer para conseguirlo?

Tengo una confesión que hacer.

Recuerdo hace mucho tiempo, cuando aún apenas tenía conciencia de mi mismo, cuando aún alzaba los brazos pidiendo que los mayores me subieran en brazos e hicieran el tonto conmigo sólo para hacerme reír. Una de esas personas, mi abuelo Nicolás. El último recuerdo que tengo de él es en el pasillo de su casa, uno de esos largos como un día sin pan. Él volviendo de la calle, yo esperando a que llegara. Saliendo al pasillo en su busca, con los brazos en alto. Ignoro si decía alguna palabra, o si tan solo me plantaba allí enmedio, brazos arriba, esperando que me aupara. Pero sí recuerdo su risa. Su cara llena de arrugas sonriendo y haciendo polladas para que me riese. Nicolás se murió cuando yo tenía, creo, dos o tres años. Ni siquiera estoy seguro. Pero un día se fue.

Recuerdo visitas al hospital, salas de espera porque no nos dejaban pasar. Recuerdo lluvia, y una cabina verde de telefónica setentera, y preguntas a mi madre sobre si era la cabina de E.T. para llamar a casa. También recuerdo que Nicolás ya no volvió a aquel pasillo. Ni a ningún otro sitio. Desapareció. Se convirtió en nada, en un recuerdo.

Yo entonces no tenía ni idea de qué era morirse. Solo sé que me sentía confuso porque ese señor ya no estaba, y todos estaban tristes. Aún tardé mucho tiempo en saber qué significaba aquello de morirse. Muchos años después se fue Abu. Abu era mi abuela. Ni siquiera recuerdo su nombre. Me da igual que los que leáis esto me digáis "pero tío", porque para mi ella siempre fue Abu. Abu se murió en su casa, y recuerdo a todo el mundo llorando, y a Abu allí tumbada, sin vida. Estando sin estar. Recuerdo prometerle que no lloraría, porque todos los demás lo estaban haciendo, y alguien tendría que mantenerse firme para los demás.

La vida siguió y me enseñó cosas que no quería saber, como que ahí fuera existían cosas llamadas guerras donde la gente se mataba sin saber muy bien por qué. O sabiéndolo, qué más da. El caso es que me tocaba hacer la mili, y para mí aquello era una cosa coñazo que no quería hacer simplemente porque sonaba más "cool" ir contra la norma. Así que fui cogiendo prórrogas por estudios, y considerando declararme objetor de conciencia, a pesar de que no tenía mucha, la verdad. Pero poco a poco esa conciencia creció, y me convencí de que tenía mil millones de motivos para no ir a la mili. Yo no quería aprender a usar un arma. No quería, bajo ningún concepto, hacer que una persona dejase de existir.

La muerte era un concepto ya bastante definido. Y empezaba a tener claro que un día llegaría mi momento. Pero entonces sólo me parecía importante que fuera como fuese ese momento lo único que le pedía es que fuera rápido y lo más indoloro posible. Y que cuando sucediera, nada importaría, porque ya estaría acabado para mí. Sólo sería importante para los que se quedaran detrás, como aquel día años atrás alrededor de Abu. No le tenía miedo a la muerte. Era sencillamente algo natural.

Un día, hace unos dos o tres años, me desperté aterrado por un sueño que había tenido. En el alguien se moría. No era yo, pero yo lo vivía en primera persona. Y de repente se incrustó en mi un miedo atroz a la nada del después, a esa sensación de caer al vacío del olvido. Durante un par de semanas estuve convencido de que era un sueño premonitorio, y que alguien cercano iba a morirse. El sueño se convirtió en recurrente, y la ansiedad al despertar me dejaba un nudo en la garganta que me amargaba un día tras otro. El tiempo pasó y nadie cercano se murió, y poco a poco el sueño dejó de atormentarme. Pero ese miedo a la nada se quedó de equipaje.

Durante los últimos dos años he buscado la manera de dejar ese equipaje atrás. Las religiones no me sirven y no creo que haya una vida después. He tratado de simplemente olvidarlo, pero cada vez que leo sobre muertes (especialmente en guerras) esa vieja sensación se apodera de mi garganta y me estrangula un poco durante unos días. Sólo hace unas pocas semanas conseguí darme cuenta de que cada día, al dormirme, muero, resucitando a la mañana siguiente. Y sé que llegará un día en que no resucitaré. Me he dejado llevar por la alegría de resucitar cada mañana, de tener un día más para disfrutar y para hacer cosas. Aún estoy trabajando en dejar esa sensación olvidada para siempre, pero de momento me sirve con sentirme vivo al despertar. Y con combatir la muerte con la vida, tratando de hacer lo que esté en mi mano para sentirme vivo.

Los aviones son lugares perfectos para reflexionar, para hacer las paces contigo mismo. Llevo mucho tiempo cargando con esta losa, de cuya existencia sólo una persona más sabía hasta ahora. Este es mi miedo, y esta mi manera de exorcizarlo.

El viaje ha comenzado. Es hora de sentirse vivo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Time goes by, but not slowly

As it usually happens, time jumps on me without prior notice, and when I want to think about it I realize it's already that moment, that one in which we leave, that one in which nothing is ready yet, that one in which you run out of time and you stand there asking yourself as a fool, "How is it possible that it's already time? Where did the days go?"

Time, always sweeping you over like a brake-less steamroller, always one step ahead from you. Time doesn't go slowly. You lied to me, Madonna...


In any case, mr. time pushes us ahead to the edge of that springboard, where the only thing you can do is to chug your fears and jump waiting for the best.

There we go. t - 5 days. Next Monday, in the night, we will be on a plane heading Cape Town. There is no step back.

Fasten your seatbelts.


El tiempo pasa, pero no despacico

Como siempre me suele pasar, el tiempo se me echa encima sin apenas darme cuenta, y de repente es ese momento, ese en que nos vamos, ese en que nada está suficientemente preparado, ese en que te pilla el toro y de repente dices ¿Pero cómo es posible que sea ya? ¿Dónde se han ido los días?

El tiempo que siempre te arrolla como una apisonadora sin frenos, el tiempo que se te adelanta a todas las jugadas. El tiempo no pasa despacico, me mentiste, muchachada nui...

Sea como sea, el tiempo nos empuja de cabeza a ese vertiginoso borde del trampolín donde lo único que cabe es armarse de valor y tirarse esperando lo mejor.

Vamos que nos vamos. t - 5 días. El Lunes que viene, por la noche, estaremos volando rumbo a Ciudad del Cabo. Ya no hay vuelta atrás.

Agárrate fuerte.

miércoles, 10 de abril de 2013

Sueños son, hasta que los haces realidad

De nuevo el tiempo ha pasado, encerrado, minusválido, recogido tratando de hacer mi brazo lo suficientemente fuerte como para poder sujetar un manillar, volver a conducir, subirme de nuevo a las dos ruedas que han de llevarme a dar la vuelta al mundo, o al menos a ponerlo boca abajo.

Ha sido prácticamente un año de recuperación, paciencia, aguantar, dejar de hacer, discusiones por mi no-paciencia, paciencia de quienes tenían que hacer las cosas por mi... Rehabilitaciones, nadar, golpes tontos que hacen que te cages en la madre del cordero...

Durante este interminable tiempo me hice con la versión avanzada de La Flaca, que se quedó tristemente abandonada en las estepas del Gobi en Mongolia Interior. Ahora algún pastor de ovejas de la zona la usa para llevar los rebaños por los infinitos pastos. Y en casa, la digi-evolución a 250cc, con inyección. Otro mundo:

La "Rellenita"
Es imposible parar de planear. Parar de pensar, de dejar que la imaginación vuele por mapas de Google, por mapas en tu cabeza, ideas sin parar, ideas tontas, ideas irrealizables. Esas que te hacen levantarte de la cama y decir "¿Que no? ¡Pues por mis cojones que se puede!". Llamame soñador, llamame ingenuo, o llamame simplemente capullo irresponsable. Pero si hay algo que es imposible controlar es la imaginación, que vuela libre estés donde estés. Nadie puede robarnos esa ventana de libertad. Y a la mía le encanta irse de parranda a pensar en sitios mejores que encerrado en una oficina, por muy molona que sea.

Durante este tiempo de sequía forzosa miles de ideas pasaron por mi cabeza. Hacer la ruta de vuelta a España, ya que me iba a ir de China. Pasó también reintentar la de Mongolia, y pasar a visitar a la Flaca donde quiera que esté. Se paseó la estúpida idea de dar la vuelta a China, por fuera, recorriendo todos los países limítrofes. Se planteó la idea loca de ir a Ciudad del Cabo, desde Shanghai. Un momento, ¿quién dijo loca?

Queríamos cruzar China desde Shanghai hasta la mítica Kashgar en el corazón de la Ruta de la Seda. De ahí las posibilidades eran tan infinitas como teóricamente irrealizables. Cruzar Pakistán, Irán, Yemen, Etiopía, Somalia...

Finalmente tuvimos que llegar a un acuerdo con la compañía sobre el tiempo del viaje (inicialmente 3 meses, reducido al final a sólo 2). Y volvimos a investigar cuales eran las mejores opciones a nuestro alcance.

Finalmente el plan esta hecho. Tenemos un proveedor en Ciudad del Cabo que nos alquila 2 motos, Yamaha Teneré 660Z totalmente equipadas (http://www.motorbikehire.co.za/tenererentals2.htm). Craig, el tipo que lleva la empresa, además de vivir de organizar viajes guiados, se conoce la zona y nos está ayudando a planear las mejores rutas dentro del tiempo que tenemos.

El viaje tiene esta pinta:

Media África sobre ruedas




Empezamos en Sudáfrica, y de ahí hacia el norte a Namibia, Botswana, Zimbabwe, Zambia, Malawi, Tanzania, Kenya, Mozambique, Swaziland, Lesotho y vuelta a Ciudad del Cabo.

Oh, ¿las fechas? Pronto... 14 de Mayo. Durante 2 meses.

Permanezcan atentos...

miércoles, 30 de mayo de 2012

De cómo el sueño se tornó pesadilla

El tiempo ha pasado, lento pero inexorable, desde aquel día en que desesperábamos a la puerta de la empresa de exportación. Algunos (casi todos) saben ya qué pasó, sea por facebook o por haberme visto en persona, pero quizas no tantos saben el cómo. He aquí un resumen:

Apenas 5  minutos después de mi último post en directo, Mauro salía visiblemente decepcionado del edificio. Sus palabras revelaban lo que su careto de desesperación presagiaba: "No way". No hay manera. Necesitamos una serie de permisos para las motos que en la práctica son imposibles de conseguir, a saber: certificado del departamento de turismo chino, del departamento de seguridad nacional, y del departamento de industria.

A la desesperada nos vamos al edificio que vi en la frontera, que decía "agente de aduanas". Esperando, o ya ni eso, el milagro de un "conseguidor" en el último suspiro. Allí nos dicen más de lo mismo.

Al salir de la frontera por enésima vez, hablamos con unos tipos que por allí pululan, con dudosa pinta, que nos explican que antiguamente se podía cruzar, pero que como había mucho contrabando de vehículos empezaron a endurecer la normativa. Los tipos nos cuentan que ellos gestionan el paso de chinos al otro lado, estos aparcan sus coches allí donde estamos, se suben al jeep con matrícula de Mongolia, y pasan. Después y en la ciudad homóloga al lado mongol de la frontera, suben a otro destartalado jeep que les trae de vuelta.

Nos insisten en que hagamos como ellos y dejemos las motos aquí, y tras no pocas veces de explicar el plan de cruzar Mongolia de lado a lado, nos repiten la misma cantinela de lo mafan que es hacer los papeles de la moto. Al final nos intentan convencer de que nos pasan con la moto escondida entre las cajas. Y nos piden un montón de pasta, cambiando en unos minutos de opinión para pedir aún más pasta.

Decimos que vamos a por el equipaje y que ahora volvemos, y nos vamos a recoger las cosas al hotel. Mediodía ya pasó y nuestra paciencia es reducida cuanto menos. Llegamos al hotel para debatir que hacer.

"Espero qe tengas claro que de pasar las motos así existe una gran posibilidad de que las motos no puedan volver, ¿si?"

Para Mauro la decisión es algo más fácil: él tiene una segunda moto en Shanghai, y nunca ha tenido un apego especial con su montura: la practicidad de que hace gala se impone al sentimentalismo y la moto sólo es un medio para viajar, nada más. Lo cierto es, en cualquier caso, que meternos en estos jaleos puede traer mogollón de complicaciones, desde que nos roben las motos los tipos de dudosa pinta, hasta lios en aduanas por intentar pasar de estraperlo dos motos. En cualquiera de los dos lados de la frontera (recordad que cada frontera tiene dos lados, uno por país, y de momento sólo hemos lidiado con el lado chino.

Después de discutir un rato sobre los pros y los contras, decidimos descartar el trapicheo de la frontera en jeep mongol. Deberemos renunciar pues al sueño de este viaje: Mongolia nos deja con un palmo de narices después de estar tan cerca y tan lejos durante tanto tiempo. El visado de urgencia, los días en este pozo de mierda, todo para nada. El papelajo en el pasaporte permanecerá sin sellar como recordatorio de este aborto de viaje.

Pero intentamos reponernos y mirar adelante: no desfallecer, no perder los días de vacaciones: vamos a buscar un recorrido alternativo para sacar lo mejor posible de esta estúpida situación. La primera idea es cruzar la estepa y el desierto por la parte china de la región histórica de Mongolia: la provincia de Mongolia Interior, de paisajes prácticamente idénticos a los de Mongolia, y extendida por todo lo largo de la frontera entre ambos países, hasta llegar por dentro de China, hasta Urumqi en Xingjiang, tal como planeabamos en un principio.

La segunda opción, nacida más a mi modo, fue siguiendo la filosofía de "pues si es el viaje de tener portazos en las narices, vamos a por ellos", y vayamos a comprobar cuanto de cierto es eso de que no podemos entrar en Tíbet. Vayamos pues hasta el Tíbet cruzando por Mongolia Interior y Qinghai. La idea pasó moción enseguida y empezamos a empaquetar. La ruta era pues, como sigue:

[caption id="attachment_1018" align="aligncenter" width="519"]Erlian-Lhasa Erlian-Lhasa[/caption]

Total, unos 3000 km más y la posibilidad, si nos rebotaban en la frontera de Tibet, de volver hasta Lanzhou o Chengdu para empaquetar las motos y volar a Shanghai. La cosa pintaba hasta bien y todo.

Al salir de Erlian la sonrisa volvió por fin a llenar nuestros cascos. ¡¡Otra vez en marcha!! No se si podéis imaginar la sensación después de tanta frustración. Atrás quedaban días atascados en la frontera, papeleos con organismos oficiales, rebotes de oficina en oficina... todo quedaba para el recuerdo, o mejor dicho para el olvido.

La carretera por delante nos proponía desandar unos 150 km de autopista aburrida y recta, con vientos del copón lanzandonos el desierto de lado. En resumen, nada apetecible. Así que rebuscamos alternativas en el gúguel maps y a pocos km de Erlian encontramos una carreterucha sólo visible a partir de cierto nivel de zoom que prometía. La X926:

[caption id="attachment_1019" align="aligncenter" width="470"]X926 X926[/caption]

La carretera dejaba la autopista en una salida a un campo de entrenamiento militar. Superadas las dudas (y el yuyu) sobre si sería de acceso restringido al ver coces civiles llegar a la autopista por ese camino, tiramos pa alante felices y contentos de seguir (o reanudar) por fin nuestra aventura.

La X926 resultó ser una carretera bastante nueva (el cartel a la entrada rezaba que había sido completada en 2011) y con un asfalto relativamente agradable y cómodo. Apenas sin baches, los únicos obstáculos eran la estrechez de la carretera, las ráfagas ocasionales de viento (ese día de tan "solo" 35km/h) y los ocasionales bichos de toda índole que cruzaban la carretera a nuestro paso.

A lo largo de la carretera se sucedían paisajes casi lunares con dunas avanzando lentamente en paralelo a nuestro camino, como indicándonos la dirección correcta. En aquellos paisajes de llanuras infinitas las pistas de arena se sucedían constantemente cruzando la carretera formando una malla de caminos con destinos desconocidos, pues se perdían allí donde alcanzaba la vista, y eso que en estas llanuras la vista llegaba hasta a tomar por saco. Aún así no alcanzabamos a ver casas salvo alguna que otra granja ocasional cada 70 km.

Lo que no faltaba a cada lado eran rebaños interminables de ovejas. Por cientos, por miles, pastando a su entera libertad por llanuras infinitas, buscando como locas briznas de hierba que desafiaran la arena omnipresente. Ovejas locas como cabras que de cuando en cuando jugaban a echar una carrera cruzando la carretera antes de que nuestras motos llegaran a ese punto. Sobra decir que sólo lo conseguían porque nosotros frenábamos. Junto a ellas pululaban perrillos de las praderas asomándose curiosos a nuestro paso.

Los kilómetros pasaban impasibles sin apenas cambios en el paisaje. Lo más extraordinario que pudimos ver fueron unos campos petrolíferos. Me imagino que esta zona debe estar petada de carbón y petróleo.

Y el viento. Eterno, constante. Resulta imaginable cómo la gente aquí enloquece de tanto pegarle el viento en la cabeza.

De cuando en cuando veíamos un pastor llevando su rebaño con una motillo cutre, dando tumbos por la estepa que se extendía interminable por todos lados. Pastores con abrigos a cada cual más gordo y con trapos cubriendo sus cabezas para protegerlas del viento y del sol.

Y así seguimos durante más de 100 km hasta ese punto donde el asfalto parecía haberse cansado de existir para sencillamente dar paso a una pista de gravilla que parecía anunciar que algún día alguien seguiría asfaltando. Se acababa en mitad de la nada, sin razón aparente, como si a la cuadrilla se le hubiera gastado el alquitrán y huieran decidido darse la vuelta y volver a Erlian, el lugar habitado más cercano a ya unos 140 km.

En estas llanuras los días son eternos, pues el sol tarda en salir y en ponerse mucho más que lo que estamos acotumbrados, así que a pesar de llevar un buen par de horas rodando desde abandonar la idea de Mongolia aún nos quedaba día por delante. Pero lo que empezaba a bajar era la gasolina.

El cuenta parcial me anunciaba ya 180 km desde el último repostaje, y al ritmo que llevábamos mis cálculos nos daban unos 180/200 más de autonomía, pero empezaba a ser preocupante la falta de pueblos (o cualquier rastro de vida humana, para el caso). Teníamos que elegir, jugárnosla a seguir adelante, o desandar un cacho bien grande para volver a por gasolina, hasta la autopista. En breve pasaríamos el punto de no retorno, donde, la autonomía ya no nos daría para volver atrás.

Como no podía ser de orta forma, seguimos adelante.

Los kilómetros seguían cayendo y adoptamos ritmos más bajos de vueltas para ahorrar gasolina. El paisaje cada vez era más bonito y la arena del desierto había dejado paso a esporádicas manchas de verde por todos lados que convertian el margen de la carretera en una alfombra con una pinta tal de suavidad que te daban ganas de tirarte fuera del camino. Y lo hubiéramos hecho de seguro de no ser por nuestra nueva política de ahorro de combustible.

Pasamos una señal que indicaba para adelante un pueblo a 113 km. Perfecto, entraba en nuestros cálculos, que ya nos dejaban un  margen de 150.

El día empezaba a declinar aunque sólo para dejar unos colores aún más vivos: la noche no empezaría a caer hasta bien pasadas otras 5 horas, por lo menos. En cualquier caso no parecía que hubiera problema alguno para encontrar dónde acampar por allí, salvo tal vez el viento.

Unos 40 km después de aquel cartel de 113, otra señal anunciaba, para nuestro más absoluto asombro, el mismo pueblo de nuevo a 113 km. Pero junto a esa indicación un desvío a sólo 1.5 km. Incluso desde donde estábamos podíamos ver la silueta de unos edificios. De modo que allí fuimos, con la esperanza de que alguien nos pudiera vender gasolina.

Llegando al lugar pude distinguir una torre hexagonal acristalada que recordaba a aquellas de un aeródromo. El complemento de un patio rodeado de edificios a modo de barraca, una cancha de baloncesto y un par de logos del ejército me hizo sospechar lo que dos tipos, corriendo con los brazos en alto hacia nosotros y vestidos de militar, venían a confirmar: estábamos en una base militar, probablemente fronteriza, pues debíamos estar a menos de 5km en línea recta de territorio mongol.

Mauro se paró a hablar con ellos, y yo me quedé revisando el mapa, en busca de algún núcleo urbano. Sin éxito. Harto de buscar me bajé de la moto y me dirigí hacia los militares y Mauro, a ver qué pillaba en la conversación. El miliko, ya bastante nervioso, se puso aún más nervioso al ver mi cámara en el casco.

Conseguimos calmarles los ánimos dando nuestros datos y gracias a la labia de Mauro contándoles toda la película del viaje, y tras quitarme el casco y afirmar que la cámara estaba apagada (¡¡mentira!!). Una vez más calmados pusieron el modo majete y nos indicaron que el pueblo más cercano estaba probablemente a unos 180 o 200 km. Como a eso no llegábamos ni de coǹa nos sugirieron que preguntáramos en las granjas por si alguien nos vendía algo de sopa.

En este momento nos sentíamos ya bastante estúpidos porque no teníamos suficiente gasolina, ni un sólo cacho de comida y apenas agua para un día. Habíamos caído de pleno en la trampa de considerar que en China siempre hay gasolineras y pueblos. Nunca antes, ni siquiera en las montañosas regiones de Yunnan habíamos visto este grado de vacío en China.

Obedientes seguimos adelante con las esperanzas puestas en algún granjero o en acampar y esperar el paso de algún coche que nos pudiera acercar al pueblo.

Arrancamos y en mi cabeza aún estaban los nervios de llevar la cámara encendida. Tanto que casi me olvido de ponerme los guantes. Y nos alejamos por fin de los militares.

De momento.

Unos 5 km más allá, Mauro toca el freno, aparentemente mirando una mancha en el horizonte que podría ser una granja. Yo, que creo que va a parar, me echo a un lado para pararme a su lado y contarle lo de la cámara encendida (él aún cree que iba apagada como le dijimos a los militares), pero por alguna razón no termina de frenar. Lo más seguro es que no me haya ni visto.

Mauro sigue rodando pero yo he enfilado una diagonal que me lleva fuera del camino. Y sin darme cuenta he entrado de lleno en una zona de gravilla muy suelta.

De repente tengo 12 años. Estoy aprendiendo a montar en bici otra vez. Me siento como aqellos días en que frenaba con las suelas de los zapatos. El suelo no es firme y la gravilla hace balancear la moto. Intento darle golpes de dirección para encarrilar de nuevo la carretera, pero el suelo está demasiado suelto, y la moto hace ademán de irse al suelo. Veo el camino cómo acaba en un pequeño terraplén de apenas medio metro, pero totalmente suelto. Pienso que lo mejor que puedo hacer es tirar la moto en dirección al terraplén y bajar a la alfombra que es la estepa a nuestro alrededor.

12 años. La bici. El bloqueo mental infantiloide de "que me caigo, que me caigo". Me imagino como en aquella escena de 2001, una odisea en el espacio, cuando van desconectando placas de Hal9000. Mi cerebro se apaga, silenciosa y gradualmente.

La rueda de alante entra al terraplén. Hace como media hora que Mauro pisó el freno. Intento controlar el derrape como habíamos estado haciendo en el desierto. No funciona. La rueda vence y la moto cae hacia la izquierda a apenas 35/40 km. Me caigo. Cerebro apagado, bloqueo infantil. Me caigo de lado, apenas en parado. Cerebro apagado.

Sin cerebro somos como vacas: nos movemos por instinto. El instinto, que es a veces un tanto subnormal, hace todo lo contrario de lo que debería. Mi brazo izquierdo suelta el manillar i la mano aterriza en el suelo, en la grava.

Mi percepción aquí es confusa. Siento el golpe en la mano y cómo el resto del cuerpo le sigue. Caigo como un saco y pego al suelo con un golpe seco y un "uf" de pegar con el costado en el suelo. ¿El suelo?

Levanto la vista, mi pie ha quedado atrapado en la malla del equipaje, pero lo cierto es que lo único que duele un poco es el orgullo. Hay que levantarse.

Muevo el brazo para levantarme.

Y el brazo se mueve.

En dos partes.

Mi mano se desliza en el suelo, inerte, doblando un codo de más a media altura entre el codo y la muñeca.

Por mi cabeza pasan imágenes de deportistas a los que les pasa algo similar, y la sensación de dolor que imagino acompaña.

Por mi cabeza pasa también lo remoto del lugar donde estamos, sin gasolina, sin comida, sin agua, sin equipo de primeros auxilios.

Empiezo a gritar, impotente.

Mierda mierda mierda mierda.

Discuto mentalmente conmigo mismo, ¿por qué gritas así, capullo? ¡Si ni siquiera duele! (al menos de momento, gracias cuerpo por tu adrenalina). Grito por lo jodida de la situación. Y porque mi brazo se ha roto. De cuajo.

Mierda.

La cámara estaba encendida, y gracias a la repetición a cámara lenta veo que en realidad el brazo clava en el suelo y es mi cuerpo cayendo sobre el quien lo rompe.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Juzguen ustedes mismos:



Continuará...

viernes, 18 de mayo de 2012

El que espera desespera, dice la voz popular

11 am, como un clavo a la puerta de la empresa que esperamos consiga los malditos papeles de la moto. Esperamos.

jueves, 17 de mayo de 2012

¡No pasarán! O cómo la burocracia fronteril nos rebota

La historia es más o menos la siguiente...

En Shanghai no hay oficinas que tramiten el visado de Mongolia, por lo que teníamos que contratar una agencia que mandara nuestro pasaporte a Beijing donde la embajada nos lo haría. Descartamos esas opción cuando nos enterramos de que en Erlian, el pueblo de la frontera, hay un consulado mongol y te lo tramitan en el mismo día. Hasta aquí todo según el plan.

Llegamos a Erlian el miércoles a medio día. Fuimos al consulado. Cerrado. Vuelvan a las 3 que abrimos. Comemos, y a las 3 nos dicen que hoy no, que mañana. Las solicitudes sólo se tramitan de mañana, por las tardes se recoge. Mierda.

Buscamos un hotel, y ante la expectativa de un día en este pozo inmundo, sugiero a Mauro ir a jugar con las motos en el desierto que rodea la ciudad. Hacer offroad con una 125 de 4 tiempos es más difícil de lo que uno podía pensar, pero el poco peso de la moto (a estas alturas sin carga) ayuda cantidad. Al final nos lo pasamos teta (hay vídeos, que subiré al volver a Shanghai) y arreglamos el día.

Por cierto, nota especial para Varabayero: ¿quién dijo que con ruedas lisas no se lo podía uno pasar bien?

Día 2 en Erlian. Madrugamos y llevamos, dolidos por las agujetas del esfuerzo de jugar en el desierto) los papeles de solicitud al consulado. El tipo hoy nos dice que el tiempo mínimo son 24 horas para el trámite. Por suerte aparece la señora de ayer y confirma que nos lo pueden hacer para esa misma tarde.

Desayunamos y hacemos algo de mantenimiento a las motos: tensado de cadena, engrasado, cambio de aceite... Sufrimos el espectáculo de la lata de gasolina explosiva. Comemos, hacemos el checkout, y a las 3 estamos como un clavo en la puerta del consulado, preparados para cruzar al otro lado según nos den el visado. Hace un calor de pelotas hoy.

Pasaporte en mano por fin con pegatina estúpida que nos da permiso para cruzar, nos vamos a la frontera. Un soldado muy majo se hace colega del Mauro, intercambian números de teléfono y de qq (el msn chino) y nos indica que tenemos que cruzar por otra puerta. Es bueno hacer amigos influyentes, nunca sabes cuando vas a necesitar un favor de un militar de control fronterizo.

Vamos a la segunda puerta, haciendo cola como tontos con los jeep mongoles. Nuestra moto no tiene que esperar esa cola. Salimos y cruzamos dos controles militares, estos mucho menos majos, que nos dan paso sin dirigirnos la palabra. Legamos a otra cola. Lección aprendida, nos la saltamos y vamos directos a preguntar.

Un soldado nos dice que esperemos un momento que ahora viene el responsable de turno. Van apareciendo personajes que no esta claro si son o no los que nos tienen que dar el visto bueno. Uno aparece vestido con un traje de aduanas. Lo primero que nos dicen es que las motos no pueden cruzar, que sólo coches o camiones. Otra personaja dice que va buscar entre la cola de furgonetas y camionetas todoterreno algún voluntario para que metamos la moto en el y así cruzar. Nos sugiere un minibus cargado de cajas en el que tal vez entren las motos. El otro tipo de repente nos dice que bueno, que podemos pasar empujando las motos, en lugar de montados en ellas.

Cuando nos disponemos a empujar, entusiasmados por el ya estamos allí, el tipo del traje de aduanas nos dice pero espera un momento, ¿dónde está vuestro permiso de exportación temporal? Esto es un papelito que te da permiso para sacar un vehículo del país (exportar) bajo la premisa y promesa de que vas a volver. Papelito que el año pasado nos hicieron en 5 minutos en la frontera con Laos. No, no estamos hablando de aduanas de Laos o aduanas de Mongolia, esto son aduanas chinas para salida del vehículo. El tipo del traje de aduanas nos dice que es que esto no se gestiona aquí. Tenéis que volver a Erlian al edificio nosequeleches a que os lo gestionen.

En este momento radio-casco pincha la banda sonora de Benny Hill, y todo pasa a cámara rápida como Benny corriendo detrás del viejo dándole gorrazos.

Vamos a un edificio oficial. No, esto no es el edificio nosequeleches. Id allí. Ponte el casco de nuevo. Corre al otro edificio. Habla con el segurata. El segurata llama por el walkie a unos tipos que dicen que pasemos. Aparca la moto, coge el fardo de las cosas importantes y el casco, entra en el edificio. Recorre pasillos hasta una mesa en medio del pasillo donde dos tipas hacen 3 llamadas telefónicas en las que nadie contesta. Preguntan algo. Ah, pues entonces esto no tenéis que hacerlo en este edificio. Id a tal otro edificio. Monta todo el fardo, casco, corre a tal otro edificio. Repetir. Ah pues aquí tampoco. Tenéis que ir al edificio de aduanas. Otra vez ponte todo. Corre.

Si a estas alturas tu imaginación no tiene una imagen clara de Benny Hill corriendo en círculos detrás del viejo es que eres muy joven para ser mi amigo.

Edificio de aduanas. Vuelve a quitarte todo. Hablar con un agente, luego con otro. Pos es que aduanas no gestiona nada particular, tiene que ser por agencia, por compañía de exportación. Pero ya son las 5 (!!!) así que estarán cerradas. Aún así vamos a una que hemos visto antes. Desmonta. Habla con el tipo. Tipo dice que esto es muy mafan (complicado  en chino), pero que conoce otra empresa grande que puede hacerlo, que nos lleva. Monta. Sigue al tipo en su bici eléctrica.

El bueno de Benny ahora mismo va a cámara lenta.

Llegamos a otro edificio. Mauro entra a hablar con los enésimos tipos. El cuenta parcial indica 25km, desde que llenamos el depósito, justo antes de ir a por el visado. 2 horas y media hace de eso. Finalmente el enésimo tipo nos explica que esto, al ser área de minoría étnica, es todo mucho más mafan. Yo me pregunto si Yunan no es zona de minorías (lo es). Total que afirma poder hacer el trámite, vuelvan mañana a las 11.

Desesperados, 3 horas después de nuestro gozo al recoger el pasaporte, nos rendimos ante la evidencia de que cruzar la frontera nos va a llevar tanto tiempo como ir de Shanghai a Beijing.

Bueno, vamos a ver que tal ser portan las motos a plena carga con la arena del desierto.

Continuará.

Exhausted (TNC-enabled post)

After yet another day running from one official building to another, and not being able to pass the bikes into Mongolia, we went again to get some dirt road driving experience. Fun like crazy, but also as exhausting. Mauro could not even make it to the bed...

image





Tras otro día más corriendo de un edificio oficial a otro, y son poder pasar las motos aún a Mongolia, nos fuimos a ganar algo más de experiencia en pistas de arena. Divertido de cojones, pero igual de agotador. Mauro no pudo ni llegar a la cama...

Mauro at Inner Moongolia

image





Sí, habéis acertado... Hoy tampoco cruzamos la frontera :(

La sombra de la derrota

image

Papeles, papeles...

Ahora nos ponen pegas con los papeles de la moto. No siquiera sabemos si es posible cruzar en moto. A lo tonto llevamos 2 horas dando tumbos de un edificio a otro, y 21km en el contador.

¡Echo de menos Laos!

Haciendo cola

image

Hoy podía haber muerto (pero no)

No, en serio... Recordáis esas latas metálicas que llevábamos a los lados? Son depósitos extra de gasolina. Pues bien, esta mañana, mientras tensábamoa cadenas y cambiábamos el aceite me he dado cuenta de que la lata estaba abombada. Así que he abierto para ver la presión. Al desenroscar poco a poco ha empezado a salir gas a presión, vapor de la gasolina formado por el calor de estar al sol.

La primera lata ha silbado largo y tendido hasta que la presión se ha equilibrado, aunque daba yuyu saber que ese gas es extremadamente inflamable. Yo sólo pensaba por dios que no pase ningún chino fumando. Al abrir la segunda lata, lo mismo, silbido y olor a gas, cuando de repente la presión ha sido muy fuerte y el tapón ha saltado hasta a tomar por culo.

No puedo parar de pensar que en algún universo paralelo, Kali estaría muerto de la manera más estúpida al reventar por los aires dicho gas.

Ni que decir tiene que las latas se han quedado allí.

En otro orden de ciudad, más alegres, ya tenemos visado. Vamos a la frontera...

[Fotogalería] Mongoladas en el desierto

image

image

image

image

Aún esperando nuestros visados. A las 3 pm, dicen... Esperemos.

Wahaha

image



Seguimos esperando el visado. A las 3 pm, dicen. Espero que no haya más problemas...

miércoles, 16 de mayo de 2012

[1 minute post] Día 5: Arena

Arena por todos lados. Arena que se lleva el viento, arena que moldea los caminos. Arena asaltando las carreteras, metiéndose en mi casco...

Arena con la que jugar, porque nuestro visado tiene que esperar hasta mañana, así que he propuesto hacer offroad para entrenar las pista de arena. Hoy no hemos podido cruzar la frontera, pero ha sido uno de los más divertidos que tengo memoria.

Especial dedicatoria a la gente que piensa que esta moto no vale nada más que para ciudad...
[gallery]

Llegando a Erlian, la frontera con Mongolia

¡Somos unos monstruos!

image

El desayuno de los campeones

image



Imprescindible para preparar el duro día que tenemos por delante. Algo más de 100 km para otra frontera, después: lo desconocido

[Fotogalería] Las estepas de Mongolia (la Interior)

image



image



image



image



image



image



image



image



image



image



image